Alrededor del 90 % de nuestros programas se financian mediante subvenciones, y esa financiación se ha vuelto más limitada e impredecible en los últimos años. Se han reducido los fondos de las subvenciones federales y estatales, y cada vez son más las organizaciones que compiten por la financiación que aún está disponible. Además, las subvenciones suelen tener un enfoque muy específico y no siempre se ajustan a las necesidades concretas de nuestra comunidad local.
Al mismo tiempo, nuestra comunidad está creciendo y, con ese crecimiento, surgen necesidades de salud y bienestar cada vez mayores y más complejas. Para seguir el ritmo —especialmente con programas centrados en la prevención que ayudan a las personas a mantenerse sanas y reducen la necesidad de atención médica a largo plazo—, necesitamos una fuente de financiación más estable y fiable. Un aumento de la tasa nos ayuda a garantizar que podamos seguir prestando servicio a nuestra comunidad hoy, al tiempo que nos preparamos para las necesidades del mañana.